Desde hace unos cuantos años la Fundación del Español Urgente, la Fundéu, que está promovida por la Real Academia Española (RAE) y la Agencia EFE, elige la palabra del año. La triunfadora, explica la fundación, no tiene que ser necesariamente una voz nueva, sino que debe suscitar interés lingüístico por su origen, formación o uso, y por haber tenido un papel protagonista en el año de su elección. La que se eligió en 2025 fue arancel. Imaginen por qué. En la lista, que empezó en 2013, aparecen, entre otras, dana, polarización, escrache, populismo, refugiado, vacuna o confinamiento. Incluso han salido triunfadoras palabras como emojis o selfi.
Hay palabras que van a tener complicado aparecer en esta lista de la Fundéu porque, como bien dice la fundación, deben ser protagonistas a lo largo del año. Acabamos de estrenar 2026, un año que, como viene siendo habitual en los últimos ejercicios, (¿o deberíamos decir décadas?), pinta complejo. Echando un vistazo a las palabras que han sido protagonistas en los últimos años, y analizando el panorama que nos toca vivir, la mayoría podría volver a alzarse ganadora de este peculiar concurso. En 2015, por ejemplo, se optó por la palabra refugiado y en 2016 por populismo. Dos términos de plena actualidad y que, lamentablemente, tememos que seguirá siendo así por muchos años.
En 2022 se optó por inteligencia artificial. Otra palabra que, no solo ahora, sino que en los próximos años dará mucho que hablar, más con los numerosos apellidos que parece que la definirán. Y por el debate que provocará.
Ya saben que en el grupo TAI, por el negociado que nos ocupa, somos unos firmes defensores de la palabra. O más bien de las palabras. También defendemos a fuego el buen uso del lenguaje y el respeto, por un idioma, el español, rico en matices y en vocabulario. Moviéndonos en el segmento tecnológico, tan amante del idioma de Shakespeare, tenemos que lidiar con el uso, desaforado a veces, de los anglicismos; y de las traducciones sangrantes de algunos términos que se vuelcan a nuestro idioma sin concordancias ni respeto semántico.
Vamos a proponer nuestra palabra candidata a 2026 que no va a ser otra que “Gracias”
Recién estrenado este ejercicio, y como el año se vislumbra largo y duro, nos van a permitir una licencia, no sabemos si poética, pero sí idiomática. Vamos a proponer nuestra palabra candidata a 2026 que no va a ser otra que “Gracias”. Observen cuántas veces hacemos uso de ella cada día. No son pocas. Y ahora plantéense cuántas veces deberíamos proclamarla, también cada día, y no lo hacemos. Muchas más. Y, lo que es peor, en qué mala posición nos coloca. Analicen cuántos silencios gastamos tras un apoyo en una labor que se nos atoró, una prebenda que nos conceden en nuestro desempeño profesional o un permiso no contemplado en los escritos legales. Cuenten cuántas omisiones para dar respuesta a un obsequio, grande o nimio, material o inmaterial, que alguien, por lo que fuera, decidió concedernos. Observen cuántas veces ni se mira a quien cede el asiento, pone una cerveza o corta un buen chuletón. Chequeen el número de peticiones y de exigencias. Y, ahora, cotéjenlo con la cantidad de gracias. Pues eso. Este año, entre todos, demos la victoria a las “Gracias” en el concurso de la Fundéu.
¡Gracias!




































































