La región EMEA (Europa, Oriente Medio y África) alcanzará en 2026 un punto de inflexión en la adopción de la inteligencia artificial, marcado por cambios regulatorios, una mayor madurez tecnológica y el salto definitivo hacia su adopción a gran escala en el ámbito público. Así lo señala Dell Technologies, que identifica cinco tendencias claves que redefinirán la gobernanza, la innovación y la colaboración entre sectores en los próximos años.
Según la multinacional tecnológica, uno de los cambios más relevantes se producirá en el sector público. Tras años de pruebas y proyectos piloto, los gobiernos de EMEA pasarán a una adopción masiva de la IA para ofrecer servicios más inteligentes, eficientes y personalizados. Esta transformación implicará la modernización de los procesos de adquisición y la actualización de sistemas heredados, con una fuerte apuesta por la captación y formación de talento capaz de gestionar esta transición. En este contexto, las alianzas público-privadas se consolidarán como un pilar esencial para integrar la IA en operaciones críticas y mejorar la calidad de los servicios a ciudadanos y empresas.
En paralelo, los países de la región intensificarán sus estrategias nacionales de IA con el objetivo de reforzar su soberanía tecnológica. La prioridad por el almacenamiento local de datos y la innovación nacional podría ampliar la brecha entre economías más avanzadas y aquellas en desarrollo, aunque también abrirá la puerta a nuevas alianzas entre países emergentes. Este movimiento vendrá acompañado del refuerzo de infraestructuras de datos seguras y de una redefinición de la geopolítica digital. Al mismo tiempo, el avance de agentes autónomos en sectores como la salud o las finanzas impulsará marcos regulatorios más estrictos, centrados en la transparencia y la supervisión humana.
La relación entre gobiernos e industria también entrará en una nueva fase. La colaboración en materia de IA será más estrecha, con administraciones públicas aportando claridad normativa y apoyo institucional para garantizar que la innovación sea responsable y escalable. Estas alianzas permitirán desplegar infraestructuras de IA más robustas y exportar capacidades desarrolladas en la región, reforzando el papel de EMEA como referente tecnológico a nivel global.
Otro de los grandes retos será el impacto energético de la expansión de la IA. Según estimaciones de Dell Technologies, el consumo eléctrico de los centros de datos se duplicará a nivel mundial para 2026, impulsado por el crecimiento de estas tecnologías. En Europa, el consumo podría llegar a triplicarse para 2030 si se mantienen las tarifas actuales. Esta presión obligará a desarrollar infraestructuras más eficientes y sostenibles, a modernizar instalaciones críticas y a resolver los cuellos de botella existentes en las redes eléctricas. Los gobiernos incentivarán modelos de IA más eficientes, lo que beneficiará especialmente a los países con mayor acceso a energía limpia.
Por último, la región afronta el desafío de construir una fuerza laboral preparada para la IA. La prioridad ya no es anticiparse al futuro, sino actuar de inmediato. La rápida adopción de estas tecnologías exige formar y reciclar a los trabajadores actuales para desempeñar nuevos roles apoyados por IA. Se espera que surjan políticas que incentiven la inversión empresarial en capacitación práctica y el intercambio de conocimientos entre sectores, con el objetivo de que la IA empodere a las personas y que sus beneficios se distribuyan de forma equitativa.
En este escenario, los responsables políticos y los líderes del sector público de EMEA asumirán un papel decisivo. Las alianzas público-privadas se perfilan como el motor clave para acelerar la innovación, escalar soluciones seguras y reforzar tanto la resiliencia digital como la física de la región en un futuro cada vez más impulsado por la inteligencia artificial.




































































